sábado, 27 de septiembre de 2008

Sobre El Derecho Al Pataleo

Hay a quienes les gusta poner quejas; también hay a quienes no, pero les gusta saber a quien ponérselas. Les gusta ser escuchados sin saber si al final, les han prestado atención. ¿En verdad se entiende a quién se le reclama y de qué manera?

En la medida en que cumplimos nuestros deberes como ciudadanos de un mismo pedazo de tierra, nos gusta exigir que nuestros derechos se hagan cumplir por parte de quienes funcionan para ello. Siendo así, ¿porqué cuándo alguna anomalía altera el orden social del que hacemos parte, la mente prefigura al principal gobernante de turno y a pensar si escogimos o no correctamente? ¿Acaso si se nos perdía un lapicero en el salón, pensábamos en la falta de presencia del rector dentro del colegio? ¿Si me he sentido sobrecargado de tareas con respecto a mi responsabilidad laboral, he pensado en qué tan desacertada ha sido la gestión del gerente? Ya que hacemos parte de diversos organismos sociales, temporal o permanentemente, estamos en la necesidad de conocer un poco cómo se conforman sus estructuras y, si nos queda tiempo, de qué se encargan cada una de sus partes.

Nuestro ritmo de vida, acelerado según nuestros gustos u obligaciones, nos aparta casi siempre del conocimiento de la estructura política de nuestro país y sus instituciones. Desde la educación básica y media, quienes hemos contado con la oportunidad de aprovechar ese privilegio, hemos sido menospreciados con respecto al entendimiento y aplicabilidad de nuestras leyes, más que a su conocimiento. Los manuales de convivencia suelen ser tan poco asimilables que terminan interesándonos sólo para cuestiones financieras o disciplinarias de último momento; de igual manera, las clases de 'Constitución' o 'Democracia', bien intencionadas o no, terminan por volverse un insípido somnífero.

Pienso que el hecho de conocer la fecha, el sitio y quién promulgó nuestra Constitución no tiene hoy en día la relevancia que tiene entender quiénes y cómo estamos cobijados por su preámbulo. Esto debe hacer parte del día a día de la enseñanza de las Ciencias Sociales. Así como no necesito ser un ingeniero de sistemas para saber operar correctamente mi computador personal, no necesito ser abogado para saber distinguir correctamente entre las funciones de la Defensoría, la Veeduría y la Personería. Desde luego, esto resulta complicado exigirlo y hacerlo entender a quienes han venido educándose bajo los mismos parámetros.

El direccionamiento de la educación no debe promover la ignorancia pasiva, así como tampoco el adoctrinamiento ideológico. De acuerdo con ello, debemos ser consecuentes con que, hasta que esto cambie, nuestro campo de acción se encuentra en nuestro entorno, ilustrando a quienes estén al alcance, sean nuestros hijos, vecinos, amigos o lectores.

El pataleo se transforma en crítica constructiva en el momento en que investigamos y entendemos los fundamentos de nuestro reclamo y los dirigimos hacia las instancias que pueden llegar a hacerlos efectivos. No hay algo más peligroso para la irracionalidad de la sociedad que el poder del conocimiento y la tolerancia de sus integrantes. Pero más que eso, es el poder de la voluntad y la perseverancia de cada individuo a querer aprenderlo.

3 comentarios:

Germán A. Quimbayo dijo...

Muy buen post. Claro, contundente y ante todo, ilustrativo.

Saludos.

kxi dijo...

Excelente Sama. Además, gracias por cubrirme

ianck dijo...

bien dicho, si esa conciencia colectiva de la estructura social existiera, la jente no solo seria mas conciente de sus derechos si no tambien de sus deberes y responsabilidades.