sábado, 4 de abril de 2009

Yendo a New York

Tomas el tren que te acerca la hora que falta para que llegues a la Penn Station, ahí adentro empiezas a reevaluar los cánones de belleza gracias a que ves gente de todas las razas y contexturas.

En un lugar donde puedes ver de todo, empiezas a ignorar lo común y te inclinas por lo exótico. Como las delgadas altas rubias se ven por todos lados, y una vez has visitado el barrio chino, el típico gustito a asiatica se ha ido a la caneca de tanto verlas y compartir con ellas, ves tantas pelirojas que ya no es algo único, las del medio oriente empiezan a mandar la parada.

Durante el recorrido te dás cuenta que no puedes ver a nadie durante mucho tiempo porque lo toman como acoso sexual, la ves una sola vez, y yá, que tu memoria o tu imaginación hagan el resto.

Bajas en la estación, donde en sus múltiples pisos hay estaciones de metro, bus, tren y hasta taxis, los mares de gente se mueven en todas direcciones al mismo tiempo, recuerdas tu gustito voyeurista, pero solo de un segundo cada vez. Evitando por supuesto dejar grabadas en la memoria a las que están pasadas de peso, otra moda adquirida en Estados Unidos.

Tomas un mapa, de los que regalan en información y empiezas a caminar hacia el museo. Tan solo son 15 grados centigrados, por lo cual, valientemente, te vas con el cierre de la chaqueta abajo, al fín y al cabo te gusta el frio. Alguien te explica, justo antes de salir, que una cosa es la temperatura y otra la sensación fría, no le crees, hasta que sales y te encuentras con el viento que hace que baje 10 grados la temperatura. Subes el cierre mientras se burlan de tí.

Una familia llama a gritos a un miembro perdido, sabes que es el nombre, pero no lo quieres creer.

20 cuadras después, quisieras que la caminada, además de acabar con tus pies, te hubiera ayudado a calentarte, nada más falso. Llegas al Museo de Arte Moderno, pagas una entrada cara pensando que valdrá la pena. Lo primero que encuentras es un pedestal con papel picado encima, la "obra" se llama "papel picado sobre un pedestal", te arrepientes de haber pagado la entrada.

Siguente piso, primera sala, Miró, Picasso, Monet y otros que no recuerdas. Ok, valió la pena. Visitas las muchocientos mil salas siguientes sin pretensiones ni prejuicios.

Te das cuenta que el Arte Moderno abarca mucho más de lo que creías (a menos que estudies arte), y gratamente te sorprendes, a pesar de aguantarte mucha basura, hay cosas realmente interesantes.

El arte definitivamente no es para todos. La belleza depende del ojo que la vea.