miércoles, 29 de julio de 2009

The Fine Art Of Love (2005)

En la alborada del siglo pasado se sitúa la historia de esta película sobre un grupo de niñas que, ante un aparente abandono a temprana edad, han sido internadas en un orfanato con el fin de ser convertidas en mujeres de sociedad, de acuerdo con los cánones morales contradictorios que regían a Alemania y otros países europeos, en la antesala hacia la Primera Guerra Mundial.

La secuencia introductoria en la que se muestra un primer plano de los pies de una bailarina de ballet, la cual ejecuta perfectamente su acto sin permitirse inmutarse por la sangre que empieza a brotar de sus dedos y a manchar sus zapatillas y el escenario, desmiente al paradójico título y nos promete tarde o temprano escenas del mismo impacto, con una teatralidad que por momentos raya en lo absurdo; como si las tablas de la tarima se extendieran más allá del recinto.

El argumento es sencillo, venido a complicar por los sentimientos encontrados de institutrices y alumnas que; motivadas por vencer la represión y buscando una realidad del mundo que trasciende las rejas del claustro; van desdibujando todo ese montaje y se entregan a experimentar a través de su sexualidad, su amor, su orgullo y su rencor. Se destaca la vehemencia de personajes como el de Irene (la amante de la prima ballerina) o el de Lady Helena; extraña un poco ver a la siempre bella Jacqueline Bisset, tan poco exigida dentro de su papel como directora del internado, con una introversión que impide al espectador entender suficientemente sus acciones.

De entrada, The Fine Art Of Love resulta fácil de comparar con Innocence (2004), cuyo concepto es exactamente el mismo, pero esta última con una visión esperanzadora ante la vida impositiva dentro de un internado de este tipo. En lo referente a lo técnico, se evidencian una buena fotografía e iluminación, contrastando con una malograda edición entre episodios que por momentos nos hacen a un lado del camino y nos recuerdan que es tan sólo una película.

Es posible que para quienes les interese verla aún puedan ir a las salas de cine de Royal Films en su ciudad, para darle un poco de carne al morbo y apostar unas monedas por el bien, pero quedan advertidos: la desazón hará presencia en el camino de cualquiera de sus protagonistas, en cualquier momento.