jueves, 10 de diciembre de 2009

Utilice el cojín del asiento como Salvavidas

Esta frase que estaba en el asiento del avión en que fui el fin de semana anterior a Gorgona (si, tenía que sacar una excusa para poder chicanear que estuve allá de nuevo, completando lo que prometía el título de otro post), me causó mucha curiosidad.

Claro, en este caso es porque era un avión muy pequeño, y en vez de dar chalecos lo que recomiendan es que los pasajeros “abracen” el cojín mientras flotan hasta llegar a alguna remota y paradisiaca isla. Y ¿por qué lo traje para un Jueves del Aleph?, es sencillo, porque me llevó a pensar todas las cosas que podamos usar como salvavidas de acuerdo a las circunstancias en la que nos encontramos. Así que vamos a analizar un poco esos “salvavidas” que podríamos utilizar de acuerdo a diferentes circunstancias.

Pero para eso, definamos primero la palabra “salvavidas”: aquella cosa que te permite “flotar” fuera de aquello que podría “ahogarte” (literal o figurativamente).

¿Les gusta mi definición?, teniendo en mente eso, miremos cuales son posibles salvavidas, aunque será importante ver en que es que nos estaríamos ahogando:

Primero, si vas en un avión grande, el “salvavidas” que podrías tener, es uno autoinflable, con pito y luz, bonito para llevárselo a casa aunque no sirva de nada allá.

Segundo, si vas en un avión pequeño, como ya lo dijimos, podrías simplemente abrazarte a tu cojín el cual pasó las pruebas de flotabilidad.

Tercero, si vas en una lancha, el salvavidas que te pondrán es de icopor, cubierto de tela de colores y unas correítas para que te sientas seguro con ellos.

Si eres rescatista, posiblemente te hayan enseñado a hacer un salvavidas con tus propios Jeans (el cual, por supuesto, es muy posible que no tenga ni silbato ni lucecita).

Estos eran para posibilidades de caer a un gran rio, o al mar. Pero si estás de paseo, digamos en una piscina, es posible que encuentres muchos tipos de “salvavidas” en los niños, con forma de pato, de brasaletes, de espaguetis gigantes, de aviones, de camas… en fin, las posibilidades son infinitas y coloridas.

Ahora, que pasa cuando no es en una gran masa de agua en la que te estás ahogando.

Muchas personas se empiezan a ahogar en sus penas. Habría que ver el tipo de pena en que te estás ahogando.

Si la pena que te ahoga es de dinero, es muy común que lo que se haga sea “gastar dinero” en salvavidas líquidos (irónicamente), usualmente con altos contenidos de alcohol. Los cazadores de mitos han revelado que esto en realidad no te salva de estas penas, pero muchos obstinados lo siguen intentando.

El otro salvavidas en penas de dinero suelen ser los amigos. Este, a cambio del anterior, demuestra que si te salva la vida de ahogarte en dichas penas, aunque es altamente probable que luego te vuelvas a caer del bote en una pena mayor, que incluye la decepción de tu amigo y la pérdida de este, sin el desaparecimiento de la deuda, que es la misma (o mayor) pero con otro destinatario. No se preocupen, la experiencia también dice que aunque se pierde al amigo para toda la vida, es altamente probable que no te toque pagar la deuda.

Hay varios salvavidas más para ese tipo de pena. Uno puede ser entrar en actos “socialmente inaceptados” como apropiarte sin permiso del dinero de otros para pagar tu deuda. La verdad es que eso solo hace un trueque, de cambiar dinero por tranquilidad, en algunos casos, o por tiempo en prisión, en otros. Desafortunadamente las pruebas prácticas también han demostrado que en algunos casos este salvavidas ha resultado realmente efectivo para la persona a corto plazo, pero sumerge a la sociedad en un ahogo para el cual no hay salvavidas suficientemente grande, y cada vez las cosas se ponen más desagradables.

Pero bueno, probemos otro tipo de penas. Uno se puede ahogar en penas “físicas” como el haberte accidentado o contar con alguna enfermedad crónica. Muchos de los salvavidas utilizados en estos casos son químicos, y pueden venir en forma de pastillas, o de ampolletas o incluso de cremas. Pero también hay un gran componente de psicológico que acompaña esto, y que para los que han visto Dr. House podrán ver como un fuerte dolor en la pierna lo lleva a aferrarse a tres salvavidas, unas pastas, a resolver enigmas, y a hacer la vida de la gente lo más miserable posible.

Esta pena se que se le puede hacer un análisis mucho más profundo, pero esto ya está quedando largo y falta una pena bastante obvia, y para la cual se suelen buscar salvavidas desesperadamente. Son las penas del corazón. Cuando es una pena del corazón la que te aflige, una vez más los salvavidas pueden ser variados.

Un salvavidas puede ser, nuevamente, líquido y con alto contenido de alcohol. Este es sumamente común en estos casos, pero eso solo resulta siendo efectivo para terminar diciendo cosas del estilo “mátame tuza que el amor no pudo”, o para terminar llamando al causante de la pena a horas inapropiadas para decirle cosas que en realidad no te hacen ningún bien ni a ti ni a la otra persona.

Los amigos vuelven a aparecer como salvavidas (suelen ser salvavidas en casi todas las circunstancias, así que hazte suficientes amigos por si los vas quemando), y así fuera solo como apoyo, suelen ser un excelente salvavidas que te ayuda a mantenerte a flote, donde hay algo de aire para respirar, mientras se llega a una orilla tranquila. Claro, si tus amigos son como los míos (o como yo), posiblemente aprovecharan también para burlarse, o decirte lo idiota que sos y lo mas que actuaste, pero no te preocupes, es solo una estrategia para darte oxígeno.

Otro salvavidas muy utilizado es buscar a otra persona para satisfacer “carnalmente” lo que se perdió sentimentalmente. Esta es una solución a cortísimo plazo, pero no deja de ser una satisfactorio y efectivo salvavidas que permite que no te hundas en la desesperación hasta que recuerdas como flotar por tus medios.

En fin, siento que me estoy quedando cortísimo en el análisis, que tal si alguien me ayuda a ampliar algunos puntos más. ¿Qué salvavidas has usado últimamente, hayan sido efectivos o no? Una amiga me dijo que en estos días había usado todos los que había podido infructuosamente, y prefirió ir a la deriva. Algo le debe haber servido porque justo en ese momento estaba saliendo de uno de los famosos bloqueos de escritor.