miércoles, 9 de noviembre de 2011

Tiempos Modernos

Yo sé que la característica de esta columna ha sido la de reseñar películas recientes (aunque no siempre se ha cumplido). Sin embargo, dado que hace mucho rato no voy a las salas de cine, por diversas razones quise traerles esta película que dista mucho de ser “moderna” (bueno a menos que se considerara la Edad Moderna, pero en realidad no aplica tampoco).

Debo admitir que es la primera vez que vi una película del maestro Charles Chaplin. No me avergüenzo de ello. Más bien me despierto como un niño asombrado ante la majestuosidad de su obra, dándole la razón a tantas personas que alguna vez me dijeron: “Ey! Tienes que ver a Chaplin”, “Ey! Tienes que ver la obra de Leonardo”, “Ey! Tienes que escuchar a Beethoven”. En fin, es algo que está ahí, que sabes que es muy bueno, pero que es un clásico ajeno a tu época que te podría llenar de mucho regocijo, pero que igual no te atrae tanto como ver lo que hace la nueva tecnología. Lo dejas para después, hasta que en algún momento te atrapa. Igual no es tu área de estudio, así que tienes la ventaja (o desventaja) de que no sea un paso obligado, sino que llegue con la buenaventura.

A mí me llegó así: Hicieron un cine foro en la empresa, lo cual me tiene muy feliz y la primera película presentada fue ésta. Aunque había visto muchos cortos de Chaplin, ver una película completa de él fue una aventura deliciosa. Sí es cierto que el hombre es grande porque tiene la capacidad de hacer que su obra, sin diálogo, en blanco y negro y con otra cantidad de limitantes comparados con la actualidad, sea visto 75 años después, y genere tal cantidad de sensaciones.

Tiempos Modernos, película, escrita, dirigida, producida y protagonizada por Chaplin (además de la dirección musical) es la única película donde se escucha su voz. Está posicionada cronológicamente, luego de la depresión de 1929, y hace una crítica social a la situación trabajadora de la época, sin quedarse en el trasfondo político, nos muestra una bonita historia de un peculiar sujeto que pasa por la fábrica, el hospital psiquiátrico, la cárcel, la calle, el trabajo, se enamora, vive, nos hace reír y nunca deja de soñar. Por cierto, sueña acompañado por una belleza de coprotagonista.